Los baños de la Reina Mora
Pocas tradiciones ubetenses han despertado tanta curiosidad como la de los Baños de la Reina Mora. Durante generaciones, este nombre ha permanecido ligado a unas antiguas albercas situadas en las inmediaciones de la Fuente de la Salobreja, un lugar que hoy apenas es conocido por unos pocos investigadores y amantes del patrimonio local. Entre restos arqueológicos, referencias documentales y leyendas transmitidas de boca en boca, los Baños de la Reina Mora constituyen uno de los rincones más enigmáticos del pasado de Úbeda.
Unos baños de origen incierto
La existencia de los llamados Baños de la Reina Mora está documentada desde antiguo por la tradición local. Se trataba de unas albercas excavadas parcialmente en la roca y revestidas con obra de fábrica, alimentadas por un manantial situado junto a la Fuente de la Salobreja. A comienzos del siglo XX todavía podían contemplarse sus restos, aunque ya se encontraban muy deteriorados.
La descripción más conocida aparece en la obra Tradiciones
Ubetenses (1902), donde se habla de unas estancias subterráneas formadas por una amplia sala, cubierta por bóvedas y adornada con estalactitas naturales. El agua brotaba de un caño cuyo origen, según los autores, nadie había conseguido descubrir. Aquella singular construcción era conocida popularmente como el Baño de la Reina Mora. Aunque el relato tiene un evidente carácter literario, constituye uno de los testimonios más completos sobre el aspecto que aún conservaban aquellos restos a finales del siglo XIX.
Todo apunta a que estas estructuras pudieron formar parte de algún complejo hidráulico de época islámica, aprovechando el abundante caudal de los manantiales que nacen en esta zona de Úbeda. Sin embargo, hasta la fecha no existen excavaciones arqueológicas que permitan determinar con precisión su cronología ni su función original.
El nacimiento de una leyenda
Como ocurre con tantos lugares antiguos, la falta de información histórica fue llenándose poco a poco con la imaginación popular.
La tradición recogida en Tradiciones Ubetenses relata que aquellas aguas poseían una extraordinaria virtud: curaban la esterilidad femenina.
Según la narración, el protagonista era un poderoso rey musulmán llamado Mahometo Aben-Cotba, famoso por su valor en la guerra pero profundamente preocupado por no tener descendencia. Su favorita, la hermosa Zoraya, era incapaz de darle el heredero que asegurara la continuidad del reino.
Cuando toda esperanza parecía perdida, un anciano sabio reveló al monarca la existencia de unas aguas milagrosas situadas junto a la Salobreja. Bastaría con que Zoraya se bañara en ellas para recuperar la fertilidad. Desde entonces, aquel lugar habría pasado a conocerse como Baño de la Reina Mora.
Los propios autores advierten desde las primeras páginas del libro que la obra no pretende narrar hechos históricos, sino recrear antiguas tradiciones locales con un marcado tono humorístico. Por ello, esta historia debe entenderse como una leyenda popular y no como un episodio documentado.
Un patrimonio pendiente de recuperar
Hoy los Baños de la Reina Mora permanecen prácticamente desconocidos para la mayoría de los ubetenses. Los restos conservados son muy escasos y permanecen dentro de una finca privada, lo que dificulta tanto su estudio como su difusión.
Sin embargo, su valor patrimonial va mucho más allá de las piedras que aún puedan conservarse. Representan un ejemplo de cómo la arqueología, la tradición oral y la literatura popular pueden convivir para reconstruir la memoria de una ciudad con más de dos mil años de historia.
Las leyendas recogidas en Tradiciones Ubetenses forman parte del patrimonio inmaterial de Úbeda. Aunque no puedan aceptarse como fuentes históricas en sentido estricto, constituyen un magnífico testimonio de cómo los ubetenses de finales del siglo XIX interpretaban y transmitían los vestigios de su pasado.
Quizá nunca sepamos quién construyó realmente aquellos baños ni cuál fue exactamente su función. Pero mientras sobreviva su nombre, los Baños de la Reina Mora seguirán ocupando un lugar privilegiado entre las historias más evocadoras del patrimonio histórico ubetense.
FOTOS: Andrés Pulido y Vídeo de Cristóbal Pulpillo



Comentarios
Publicar un comentario