Los Crespo de Úbeda: un apellido entre protocolos, privilegios y piedra
En una estrecha calle del casco histórico de Úbeda, una antigua fachada de mampostería conserva dos escudos de piedra. La vivienda, situada en el actual número 9 de la calle Hernán Crespo, mantiene la memoria de un escribano ubetense de finales del siglo XVI cuya familia alcanzó una notable presencia en la vida administrativa, religiosa y social de la ciudad.
Hernán Crespo y la raíz ubetense del apellido
El personaje central aparece citado con diferentes formas: Hernán Crespo y Beltrán, Fernán Crespo Villanueva o Hernán Crespo Villanueva Beltrán y de los Cuartos. Estas variaciones no son extrañas en la Edad Moderna, cuando el orden y la elección de los apellidos todavía no respondían a la rigidez actual.
Era hijo de Antonio de Villanueva y Beltrán y de Ana Crespo de los Cuartos. El apellido Crespo procedía, por tanto, de su línea materna. Casó en Úbeda con Isabel de Estremera y Robledillo, hija de Miguel de Mérida y Estremera «el Joven» y de Inés Fernández Gutiérrez.
Hernán Crespo ejerció como escribano de Úbeda entre 1554 y 1599 y fue nombrado notario del Santo Oficio de la Inquisición de Córdoba en Úbeda el 29 de octubre de 1583. Su nombre aparece repetidamente al frente de escrituras, testamentos, contratos, censos y cartas de obligación conservados en el Archivo Histórico Municipal. Muchas de las menciones a «Hernán Crespo» encontradas en los documentos no designan a nuevos miembros del apellido, sino al escribano ante quien se otorgaba cada escritura.
La familia vivió, según Andrés Nicás Moreno, en la casa actualmente identificada con el número 9 de la calle Hernán Crespo, posiblemente construida entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII. La permanencia de su nombre en el callejero constituye una de las huellas más visibles de su relación con la ciudad.
La familia numerosa y la discutida “hidalguía de bragueta”
Uno de los aspectos más llamativos de la historia de Hernán Crespo es su consideración tradicional como hijodalgo de bragueta, denominación aplicada a determinados padres de familias numerosas que disfrutaban de exenciones fiscales.
Documentos estudiados, permite afirmar algo muy concreto. En el padrón para el repartimiento del servicio ordinario y extraordinario de 1603-1605, Hernán Crespo aparece como: «Fernán Crespo, escribano, libre por doce hijos». Después de su muerte, el padrón correspondiente a 1609-1611 registra a su esposa como: «La viuda de Fernán Crespo, libre por doce hijos».
Estos testimonios, conservados en el Archivo Histórico Municipal de Úbeda, demuestran que el matrimonio tuvo doce hijos y que disfrutó de una exención fiscal vinculada a esa circunstancia.
Ahora bien, debe distinguirse el documento de su interpretación. Los padrones no llaman expresamente a Hernán Crespo «hijodalgo de bragueta»: únicamente lo declaran exento por doce hijos. Andrés Nicás interpreta esta situación dentro de esa categoría, pero relaciona el privilegio con una pragmática de Felipe IV fechada en 1623, mientras que los padrones ubetenses son anteriores, de 1603-1611. Hasta localizar la disposición legal anterior que pudiera fundamentar aquella exención, lo más riguroso es hablar de una exención fiscal por familia numerosa interpretada posteriormente como hidalguía de bragueta.
Tampoco se ha localizado en los documentos examinados una ejecutoria de hidalguía ganada por Hernán Crespo ante la Real Chancillería de Granada. Por ello, no debería presentarse como hidalgo notorio o de sangre sin introducir esta reserva.
Los hijos de Hernán Crespo
Aunque los padrones hablan de doce hijos, la documentación manejada permite identificar con seguridad solamente a algunos de ellos.
El más sobresaliente fue el jesuita Francisco Crespo y Mérida, nacido en Úbeda hacia 1582 o 1583 y fallecido en Madrid en 1665. Ingresó en la Compañía de Jesús en 1600 y, desde 1626, desempeñó el cargo de procurador general de las provincias de Indias. También fue calificador del Santo Oficio y autor de diferentes escritos relacionados con los misioneros y mártires jesuitas en Japón y América. Su memorial para ingresar como calificador recordaba que su padre, sus abuelos y su hermano mayor habían servido a la Inquisición.
Otro hijo fue Miguel de Mérida y Crespo, escribano público y del crimen en Úbeda, escribano mayor del cabildo en 1628 y notario del Santo Oficio desde 1601 hasta aproximadamente 1650.
También conocemos a Luisa Crespo y Beltrán, casada con Cristóbal Barrero y Teruel, caballero veinticuatro de Úbeda, abogado de los Reales Consejos y familiar de la Inquisición desde 1608.
La diferente colocación de los apellidos —Francisco Crespo y Mérida, Miguel de Mérida y Crespo y Luisa Crespo y Beltrán— demuestra la flexibilidad con la que se transmitían los nombres familiares. No debe buscarse en estas personas la regularidad de los dos apellidos contemporáneos.
Otras ramas Crespo documentadas en Úbeda
Los documentos registran otras agrupaciones familiares que incorporaron el apellido Crespo, aunque no siempre permiten enlazarlas de manera segura con la descendencia directa de Hernán.
Una de ellas fue la rama Quesada Crespo y Arredondo. Pedro de Quesada y Crespo, nacido en Úbeda hacia 1552, ingresó como familiar del Santo Oficio en 1604. Fue hijo de Cristóbal Crespo Arredondo y de Ana Crespo de Quesada. Entre sus descendientes aparecen:
Juan de Quesada y Crespo, escribano de Úbeda hacia 1650.
Alonso de Quesada Crespo y Arredondo, escribano mayor del Concejo en 1656.
Ana Crespo y Arredondo, carmelita descalza en Sabiote.
Luisa y María de Quesada Crespo Almazán de los Cobos, enlazadas con familias destacadas de Úbeda.
Otra rama fue la de los Del Río Crespo, originada en el matrimonio de Juan Martínez del Río, jurado de Úbeda y familiar del Santo Oficio, con Ana Crespo Villanueva y Humano. Un expediente inquisitorial la consideraba pariente en cuarto grado de Hernán Crespo, aunque también recogía objeciones sobre la validez de algunos de los actos positivos de nobleza presentados por esta familia.
Asimismo se documentan Andrés Jacinto Crespo y Molina, consultor del Santo Oficio en 1650; Jacinto Crespo, que se declaraba consultor en 1661; y Fernando Crespo, notario del Santo Oficio. La información disponible no permite asegurar que Andrés Jacinto y Jacinto Crespo fueran la misma persona.
La repetición del apellido en escribanos, consultores y familiares de la Inquisición muestra la integración de los Crespo en las redes administrativas y religiosas de la Úbeda de los siglos XVI y XVII, pero no demuestra que todos pertenecieran a un único tronco genealógico.
La Casa de los Crespo y sus escudos
La fachada del número 9 conserva dos escudos ovales, ambos timbrados con yelmos que se miran entre sí, siguiendo una disposición frecuente en las armerías matrimoniales.
El escudo situado a la izquierda es identificado por Juan Gabriel Barranco y por Andrés Nicás como correspondiente a Hernán Crespo y a las armas de su rama familiar. Presenta como figura principal una torre acompañada de otros motivos. Al tratarse de una labra pétrea sin policromía, no es posible establecer sus esmaltes —colores y metales— únicamente mediante la observación de la fachada.
El segundo escudo plantea más problemas. Barranco lo considera un escudo privativo de Hernán Crespo, mientras que Nicás lo atribuye a su esposa, Isabel de Estremera y Robledillo. Ambos autores coinciden, sin embargo, en que las figuras representadas no se corresponden claramente con las armas conocidas de los apellidos de la esposa ni con las de sus ascendientes inmediatos.
También debe tratarse con prudencia la afirmación de que ambos escudos fueron colocados «sin derecho». Esa es la conclusión de Nicás Moreno a partir de su interpretación de la hidalguía de bragueta, pero en los documentos examinados no se reproduce una sentencia que ordenase retirarlos ni una resolución judicial que declarase formalmente la usurpación de aquellas armas.
Por tanto, la formulación más segura sería: La fachada conserva dos escudos atribuidos al matrimonio formado por Hernán Crespo e Isabel de Estremera, cuya legitimidad y correcta identificación heráldica continúan planteando interrogantes.
Otras huellas heráldicas del apellido
La presencia de los Crespo en la heráldica ubetense no se limita a su casa principal.
En el patio del palacio del marqués de la Rambla, Barranco identifica tres piedras armeras con las armas de los Crespo, vinculándolas a Isabel Rodríguez Crespo, bisabuela paterna del fundador. Torres Navarrete confirma el enlace de Isabel Rodríguez Crespo con García de Molina de la Peñuela y la continuidad del apellido en su hijo Francisco de Molina y Crespo.
También en la Casa de los Del Río, situada en la Cuesta del Rosal número 16, existe un escudo cuartelado cuyo segundo cuartel es identificado como perteneciente a los Crespo. Este testimonio se relaciona con la rama de Juan Martínez del Río y Ana Crespo Villanueva.
Estas piedras muestran que el apellido quedó incorporado a distintas alianzas matrimoniales y casas ubetenses. Pero cada escudo corresponde a una persona o rama determinada: no constituye un blasón general aplicable a todos los Crespo.
Un apellido profundamente unido a Úbeda
La documentación presenta a los Crespo como algo más que una familia poseedora de una casa blasonada. Su memoria está vinculada a los protocolos notariales, al gobierno municipal, al Santo Oficio, a la Compañía de Jesús, a las fundaciones piadosas y a diferentes enlaces con familias de la sociedad ubetense.
La figura de Hernán Crespo resume buena parte de aquella realidad: hijo de una Crespo de los Cuartos, escribano durante varias décadas, padre de doce hijos, notario de la Inquisición y fundador o morador de una casa que todavía conserva sus escudos. Su apellido pasó a sus descendientes de distintas formas y terminó dando nombre a la calle donde permanece su principal huella material.
Sin necesidad de convertirlo en una nobleza legendaria ni de atribuirle privilegios que la documentación no demuestra plenamente, la historia de los Crespo permite acercarnos a una Úbeda en la que el prestigio se construía mediante el oficio, los parentescos, el servicio a las instituciones y la representación pública de la familia en la piedra.
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