Entre postigos y torreones: la muralla de Úbeda desde la Coronada hasta la Cava


Retomamos con la segunda parte de la historia de las murallas de Úbeda. Empezamos por el entorno del antiguo Arco de la Coronada, también conocido como Arco de San Andrés o Arco de las Descalzas, para seguir después por la Corredera de San Fernando, donde se conserva la singular torre octogonal, y continuar hacia la antigua Puerta de Toledo —actual plaza de Andalucía—, la calle Rastro, el Postigo de la Calancha y, finalmente, la calle Cava.

Este tramo nos permite leer una de las partes más transformadas de la antigua cerca ubetense. Aquí la muralla no aparece siempre como un muro limpio y continuo, sino como una estructura que fue abriéndose en postigos, reforzándose con torres, protegiéndose con barbacanas, y más tarde quedando absorbida por casas, patios, calles y reformas urbanas.

El Arco de la Coronada: el postigo de la actual plaza de Josefa Manuel

El punto de partida de este recorrido debe situarse en el entorno de la actual plaza de Josefa Manuel, antigua plaza de las Descalzas, junto a la calle Montiel, la calle Ventanas, la calle Las Parras y la Corredera de San Fernando. En ese espacio estuvo el antiguo Arco de la Coronada, un acceso menor de la muralla que también recibió los nombres de Arco de San Andrés o Arco de las Descalzas.

No hablamos aquí de una puerta principal, como la Puerta de Toledo, que se encontraba en la actual plaza de Andalucía, sino de un postigo, es decir, un paso secundario abierto en el recinto amurallado. Su función era permitir la comunicación por este sector de la ciudad sin romper la lógica defensiva del conjunto. Era una abertura útil, pero también controlada.

La disposición de este punto fue compleja. Una interpretación considera que pudo tratarse de un doble acceso en recodo, acompañado por un torreón. En ese caso, uno de los arcos se abriría hacia la antigua plaza de las Descalzas, dando paso a la calle Montiel, mientras que otro comunicaría con la calle Ventanas. Otra lectura plantea que no se trataba de una entrada en recodo, sino de dos arcos paralelos a la muralla: el propio Arco de la Coronada y otro paso hacia la calle Ventanas, abierto en dirección a la calle Las Parras. En cualquier caso, lo importante es que este punto no era una simple abertura en la cerca, sino un pequeño sistema de paso vinculado a la defensa del lienzo.

El arco estuvo amparado por una torre, lo que confirma su valor defensivo. Además, para reforzar la seguridad del muro se levantó un pinete, una especie de obstáculo o elemento de cierre destinado a dificultar el paso de posibles escaladores. Ese dato es importante porque demuestra que, aunque fuera un acceso secundario, el postigo seguía formando parte de una muralla pensada para resistir, vigilar y controlar.

Con el tiempo, este sector fue perdiendo su lectura militar. Las piedras del arco sufrieron alteraciones, se practicaron reformas próximas y la muralla acabó rodeada por construcciones. En el siglo XIX se documentan problemas de ruina, alineaciones de casas y ocupaciones de terrenos junto al muro; en 1910 incluso se pidió revisar la muralla existente junto al convento por hallarse en peligro. El espacio que hoy vemos como una plaza fragmentada y un conjunto de calles interiores fue, en origen, un punto de paso de la ciudad cercada.

La Corredera de San Fernando y la torre octogonal

Desde el entorno del Arco de la Coronada, la muralla seguía hacia la actual Corredera de San Fernando. Este tramo es esencial porque en él aparece una de las piezas más singulares de todo el recinto: la torre octogonal.



La mayor parte de las torres de la muralla ubetense fueron de planta rectangular. Algunas eran más simples y macizas, casi como ensanchamientos del propio muro; otras, situadas en puntos estratégicos, tenían mayor entidad y podían proteger puertas, escaleras, esquinas o cambios de dirección. La torre octogonal de la Corredera de San Fernando rompe esa norma. Su planta de ocho lados la convierte en una excepción dentro del sistema defensivo de Úbeda. Además, su función estaba relacionada con el refuerzo de la barbacana, es decir, de una defensa exterior o antemuro situado en puntos especialmente sensibles.



Por eso, la presencia de esta torre nos obliga a mirar la Corredera de San Fernando de otra manera. No era un simple lienzo de muralla. Era un tramo reforzado, con defensas complementarias y con una estructura pensada para proteger mejor un punto vulnerable o importante del circuito. La barbacana añadía una segunda línea de defensa delante del muro principal, dificultando el avance directo hacia la cerca.

Hoy debemos situar este tramo en la propia Corredera de San Fernando, en relación con el entorno de la antigua Casa de la Tercia. En 1982, durante actuaciones en este sector, se abrió una puerta en la muralla junto a la torre octogonal y se descubrieron, en el extremo opuesto del lienzo, restos de otra torre de base cuadrada. En esa misma relación de actuaciones se solicitó también restaurar la torre albarrana de la Corredera y la muralla del Rastro, lo que confirma la continuidad patrimonial de este recorrido.



La torre octogonal funciona así como una pieza clave del relato. Si el Arco de la Coronada era un postigo secundario protegido por torre, la Corredera muestra un tramo de muralla más potente, reforzado por una torre excepcional y relacionado con defensas exteriores. En esta zona, la ciudad medieval no se limitaba a cerrar su perímetro: lo articulaba, lo protegía y lo reforzaba.

La muralla de la Corredera: un lienzo absorbido por la ciudad

El tramo de la Corredera de San Fernando fue perdiendo progresivamente su función militar. Como ocurrió en otros sectores de Úbeda, la muralla dejó de ser una línea defensiva limpia y comenzó a convertirse en pared de apoyo, límite urbano, medianera y, en algunos puntos, en base de nuevas construcciones.

La actual calle Ventanas ayuda a entender este proceso. Su nombre conserva la memoria de las aperturas que se practicaron en las casas adosadas al muro. Allí donde antes hubo defensa, adarve y cierre, terminaron apareciendo viviendas, huecos y usos domésticos. La muralla pasó de proteger la ciudad a quedar integrada dentro de ella.



En el entorno de la plaza de Josefa Manuel, la calle Ventanas, la calle Montiel y la Corredera de San Fernando, el antiguo sistema defensivo quedó muy transformado. Sin embargo, la permanencia de la torre octogonal y de restos del lienzo permite reconstruir mentalmente una zona donde confluyeron varios elementos: postigo, torre de protección, barbacana, lienzo de muralla y torres auxiliares.

Este fenómeno no fue exclusivo de la Corredera. Fue una constante en toda la muralla ubetense: primero defensa, después borde urbano, más tarde soporte de casas y, finalmente, patrimonio fragmentado.

Hacia la Puerta de Toledo: la actual plaza de Andalucía

Desde la Corredera de San Fernando, el recorrido de la muralla avanzaba hacia uno de los accesos más importantes de Úbeda: la Puerta de Toledo. Hoy este punto corresponde al entorno de la plaza de Andalucía, antigua plaza de Toledo, también conocida históricamente como plaza de Arriba, plaza Vieja o plaza del Comercio.


La Puerta de Toledo fue una de las grandes entradas de la ciudad amurallada. Su nombre procedía del camino que salía en dirección a Toledo, y su importancia se entiende porque conectaba con la calle Real, eje fundamental de la Úbeda medieval. No era un postigo secundario, sino una puerta principal, de carácter urbano, defensivo y comercial.

La antigua plaza de Toledo, hoy plaza de Andalucía, estaba situada extramuros, junto a esta gran puerta. Es decir, cuando hoy vemos una plaza abierta y céntrica, debemos imaginar un espacio completamente distinto: un área exterior a la muralla, presidida por una entrada fortificada que controlaba uno de los accesos más importantes de la ciudad.

La Puerta de Toledo era doble. Una puerta interior daba hacia la zona de la plaza del Santo Cristo, mientras que la exterior salía hacia la antigua plaza de Arriba o de Toledo, actual plaza de Andalucía. Entre ambas quedaba la calle de Entre las dos puertas, un espacio intermedio que obligaba a entrar de forma controlada. No se pasaba directamente del exterior al interior: el acceso estaba organizado para vigilar, filtrar y defender.

La planta aproximada de esta puerta se ha situado en la línea que unía la antigua mercería de Medel con una peluquería del entorno actual. Tras cruzar el primer arco, se entraba en ese espacio intermedio. A la derecha continuaba la muralla, donde existía una hornacina con la Virgen de los Remedios; a la izquierda había viviendas cuyos bajos se destinaron a tiendas de mercaderes. El otro extremo desembocaba por el Arco del Santo Cristo.



Este conjunto no era solamente defensivo. Era también comercial. Las tiendas de la zona de la Puerta de Toledo estuvieron vinculadas al comercio de paños y seda, y también a escribanos. Así, la muralla no solo cerraba la ciudad: también ordenaba la economía, los oficios y el tránsito diario por sus puertas.



Entre los siglos XVI y XIX, la Puerta de Toledo sufrió transformaciones importantes. Entre 1560 y 1593 se remodeló la portada que daba a la plaza, convirtiéndola en un conjunto decorativo de gran presencia. Pero aquel elemento monumental terminó desapareciendo: la portada fue derribada hacia 1876.


La Torre del Reloj: de defensa a referencia urbana

En el entorno de la antigua Puerta de Toledo, actual plaza de Andalucía, destaca la Torre del Reloj. Su presencia ayuda a comprender cómo algunos elementos defensivos terminaron transformándose en hitos civiles.

En origen, una torre vinculada a una puerta tenía una función clara: vigilar, proteger, reforzar el acceso y controlar el tránsito. Pero al perder la muralla su utilidad militar, algunas torres conservaron su presencia cambiando de sentido. La Torre del Reloj dejó de ser solo una pieza asociada al sistema defensivo para convertirse en referencia pública del tiempo urbano.


La relación entre la torre y la puerta era estrecha. Del mismo modo que la Torre de los Caballeros se relacionaba con el Postigo de la Calancha, la Torre del Reloj estuvo vinculada a la Puerta de Toledo. Esta comparación ayuda a comprender la lógica de la muralla: las puertas importantes no se abrían solas, sino acompañadas por torres, espacios intermedios y elementos de control.

Así, la actual plaza de Andalucía conserva, aunque transformada, la memoria de un punto fundamental de la antigua Úbeda amurallada: una gran puerta doble, un espacio de paso entre arcos, una muralla con hornacina, tiendas, tránsito comercial y una torre que acabaría marcando el ritmo cotidiano de la ciudad.




La muralla del Rastro: de línea defensiva a espacio ocupado

Desde la antigua Puerta de Toledo, el recorrido continúa hacia la calle Rastro. Este tramo corresponde hoy al entorno de la actual calle Rastro, la zona próxima a Jerquía Baja, el área del antiguo postigo de la Calancha y el camino hacia la calle Cava.

La muralla del Rastro permaneció durante mucho tiempo relativamente libre de ocupaciones. Sin embargo, a partir de 1783 comenzaron a llenarse los huecos existentes entre las torres con construcciones particulares. Ese dato marca un cambio decisivo: el muro dejó de ser una estructura militar reconocible y empezó a convertirse en un espacio urbano aprovechable.


A la altura de la calle Jerquía Baja, Pedro Pasquau Esponera solicitó un hueco de muralla junto a la casa de Juan de Guardia para incorporarlo a su molino de aceite y abrir una puerta hacia el Rastro. Otros vecinos también codiciaron estos espacios, hasta el punto de pedir huecos y corrales junto al muro para levantar nuevas edificaciones.

En 1787, Pedro Martínez pidió el uso de un “castillo” contiguo a sus casas, sobre el que descansaban algunas maderas de la vivienda. Todo apunta a que se trataba del gran torreón que todavía se alza en la calle, en el entorno donde se sitúa Muebles Trinidad.



Este tramo muestra muy bien la evolución de la muralla: de estructura pública defensiva a espacio parcialmente privatizado. Las torres, huecos y lienzos empezaron a integrarse en casas, molinos y dependencias. En el Rastro, la muralla no desapareció de inmediato, sino que fue quedando encajada, aprovechada y rodeada.

Todavía en 1866 quedaban fragmentos libres de la muralla del Rastro, pero incluso esos restos fueron solicitados por vecinos para levantar machones, cerrar pasos o proteger viviendas. La cerca seguía existiendo, pero su sentido había cambiado: ya no servía para defender la ciudad, sino para resolver problemas de propiedad, alineación, seguridad o edificación.




El Postigo de la Calancha: el acceso entre el Rastro y la Cava

El siguiente punto clave es el Postigo de la Calancha, conocido también como Arco del Espíritu Santo o Puerta del Marqués. Debe situarse hoy en el entorno de la calle Rastro, junto al Palacio de la Rambla, en dirección hacia la calle Cava.

Este postigo fue otro acceso secundario de la muralla, aunque de gran interés por su localización y por los elementos defensivos que lo acompañaban. Su primera referencia conocida aparece en 1464, cuando fue tomado junto con la Puerta de Jaén en el contexto de las disputas entre bandos nobiliarios. Dejando a un lado la historia de esos bandos, lo importante para la muralla es que el dato confirma la existencia y relevancia del acceso en el siglo XV.

Todo indica que se trató de una puerta de carácter gótico-mudéjar, similar a la Puerta del Losal. Estaría adosada al Palacio de la Rambla y cercana al antiguo entorno del Espíritu Santo. En 1559 se reforzó con un pretil y una barbacana, realizados por los canteros Juan de Cambil y Luis de Torres, con el fin de evitar el deterioro de la muralla causado por la bajada de aguas y la formación de muladares.

El dato es muy importante porque nos muestra que el postigo no era solo un arco. Era parte de un pequeño sistema defensivo y de contención: muro principal, paso, pretil, barbacana y control de aguas. En las murallas, la defensa no dependía únicamente de la altura de la piedra, sino también del mantenimiento del terreno exterior, la evacuación de aguas y la limpieza de los puntos bajos.

En 1617, el entorno aparecía lleno de inmundicias, estiércoles y desperdicios procedentes de las carnicerías altas. Se ordenó reparar el pretil y limpiar la zona porque aquella suciedad perjudicaba a los muros. Este detalle es revelador: la muralla no solo se degradó por guerras o derribos, sino también por el uso cotidiano, los vertidos, los arrastres de agua y la falta de mantenimiento.

Hacia 1960, durante una demolición clandestina de la muralla, apareció un arco apuntado decorado con baquetones, un escudo y restos de cerámica musulmana, elementos vinculados al sistema defensivo de esta puerta. Los restos se trasladaron al Museo Arqueológico y sirvieron de modelo para la puerta reconstruida en la calle Cava, junto al Torreón del Santo Cristo.


Así, el Postigo de la Calancha conecta dos puntos del recorrido: el entorno del Rastro, donde estuvo el acceso original, y la calle Cava, donde se reconstruyó una puerta inspirada en aquellos restos.

La Torre de los Caballeros: entre el Postigo de la Calancha y la Cava

La Torre de los Caballeros es una de las piezas fundamentales para entender el paso desde el Rastro hacia la calle Cava. Su ubicación exacta ha sido discutida, pero la interpretación más precisa la relaciona estrechamente con el Postigo de la Calancha.

Durante un tiempo se pensó que podía corresponder con el torreón de la Cava situado a la entrada de la calle del Santo Cristo. Sin embargo, esa identificación se corrigió: la distancia entre el postigo y ese torreón era excesiva, y entre ambos existía otro torreón, hoy encajado entre casas, que debe identificarse con la Torre de los Caballeros o, con mayor precisión, con la Torre de la Cárcel de Caballeros.



Este dato permite afinar la lectura del recorrido actual. Desde el entorno del Palacio de la Rambla y el antiguo Postigo de la Calancha, la muralla avanzaba hacia la actual calle Cava. Antes de llegar al Torreón del Santo Cristo, se encontraba ese torreón intermedio, absorbido por edificaciones, que habría tenido una función específica dentro del sistema defensivo y también usos posteriores.

La propia denominación de Cárcel de Caballeros indica una reutilización del elemento defensivo. Primero torre de muralla; después espacio funcional de la ciudad. De nuevo vemos el mismo proceso: la defensa medieval se convierte en infraestructura urbana.

La calle Cava: el tramo más legible del antiguo borde defensivo

La calle Cava es uno de los lugares donde mejor puede sentirse el antiguo borde amurallado. Su propio nombre remite a la idea de cava, es decir, foso, zanja o espacio vinculado al exterior defensivo de la muralla.

Hoy hablamos de la actual calle Cava, en el tramo que desciende desde el entorno del Palacio de la Rambla y el Postigo de la Calancha, pasa por la zona del Torreón del Santo Cristo, continúa hacia la calle Condestable Dávalos —antigua calle del Pozo— y se prolonga hacia el sector de los Miradores de San Lorenzo.


Imagen página Turismo de Úbeda.

La muralla de la Cava comenzaba en la línea de fachada de las viviendas situadas frente al Palacio de la Rambla, justo donde se ubicaba la Puerta o Postigo de la Calancha. Algo más abajo, entre los actuales números 7 y 9, se situaba la Torre de la Cárcel de los Caballeros. Después, formando la esquina baja de la embocadura de la calle del Santo Cristo, aparece la conocida Torre Gorda, vinculada a una puerta moderna que podemos llamar Portillo de la Cava. Desde allí se sucedían tramos de lienzo y torres hasta alcanzar la actual calle Condestable Dávalos, donde estuvo la primera o más interior de las dos Puertas de Jaén.

Este recorrido demuestra que la Cava no era un simple tramo de muro. Era un sector complejo, con torres sucesivas, puertas, pasos, desniveles y relación directa con el exterior de la ciudad. En la actualidad, parte de ese trazado aún puede seguirse porque la muralla sigue siendo visible en varios puntos, aunque muy transformada por viviendas y añadidos.

La Puerta de Jaén, el Portillo de la Cava o Arco de San Francisco

En la calle Cava se encontraba la Puerta de Jaén, llamada también Portillo de la Cava o Arco de San Francisco. Este acceso debe situarse en relación con la actual calle Condestable Dávalos, antigua calle del Pozo.

La Puerta de Jaén comunicaba este sector de la ciudad con los caminos exteriores. Su nombre indica la dirección hacia la que se orientaba el paso, del mismo modo que la Puerta de Toledo señalaba el camino hacia Toledo. Como ocurría con otros accesos de la cerca, no debemos imaginar solo un arco aislado, sino un conjunto formado por lienzos, torres, pasos y espacios de control.

El tramo de la Cava estuvo jalonado por varias torres de gran presencia. Entre ellas destacaban la Torre de los Caballeros, el Torreón del Santo Cristo y el Torreón de la Cava, este último derrumbado el 20 de enero de 1996. Antes de ese Torreón de la Cava se disponía la Puerta de Jaén, conectada con la actual calle Condestable Dávalos.

Durante la Edad Moderna aparecen referencias a reparaciones y reformas en torres y murallas de este sector. Pero el cambio más profundo llegó cuando la muralla quedó aprisionada por numerosas viviendas, situación que en buena medida se mantiene todavía.

El tramo de la calle Cava estuvo marcado por tres grandes referencias defensivas: la Torre de los Caballeros, el Torreón del Santo Cristo y el Torreón de la Cava.

La Torre de los Caballeros, o Torre de la Cárcel de Caballeros, se situaría entre el antiguo Postigo de la Calancha y el sector del Santo Cristo. Su identificación es clave para entender que la muralla de la Cava no era una simple sucesión de lienzos, sino una estructura articulada por torres con funciones muy concretas.

El Torreón del Santo Cristo, situado en la actual calle Cava, es una de las piezas más reconocibles de este tramo. Junto a él se reconstruyó una puerta inspirada en los restos aparecidos en la zona del Postigo de la Calancha. Por eso, este punto resume muy bien la complejidad de la muralla ubetense: conserva un torreón propio del tramo de la Cava y, al mismo tiempo, incorpora una memoria reconstruida de otro acceso desaparecido.


El Torreón de la Cava, ya desaparecido, cerraba uno de los sectores más potentes del tramo. Su derrumbe en 1996 recuerda que la muralla de Úbeda no solo perdió elementos en la Edad Moderna o en el siglo XIX. También en tiempos recientes se han producido pérdidas importantes, lo que hace aún más necesario leer, conservar y explicar los restos que quedan.


Conclusión: seguir la muralla para entender Úbeda

Esta segunda parte de la muralla de Úbeda, desde la Coronada hasta la Cava, nos muestra una ciudad que no puede entenderse solo desde sus palacios y plazas renacentistas. Antes de la Úbeda abierta y monumental existió una Úbeda cerrada, protegida, vigilada y organizada por puertas.

Caminar hoy por la plaza de Josefa Manuel, la calle Montiel, la calle Ventanas, la Corredera de San Fernando, la plaza de Andalucía, la calle Rastro y la calle Cava es recorrer una línea antigua que casi nunca se muestra completa, pero que sigue ordenando la memoria urbana. En unos puntos aparece como torre; en otros, como muro oculto; en otros, como nombre de calle; en otros, como puerta desaparecida.

La muralla fue durante siglos el esqueleto defensivo de Úbeda. En este tramo, además, fue también una frontera viva entre lo militar y lo urbano. Por eso cada resto, cada torre, cada nombre antiguo y cada hueco perdido no son detalles menores: son piezas de una misma historia. Una historia de piedra que todavía puede leerse, si sabemos mirar, desde la Coronada hasta la Cava.


Bibliografía consultada

Para la redacción de esta segunda parte del artículo sobre la muralla de Úbeda —desde el Arco de la Coronada hasta la calle Cava— la fuente principal ha sido:

  1. TORRES NAVARRETE, Ginés de la Jara.. Historia de Úbeda en sus documentos. Tomo VII: Las puertas y murallas de Úbeda. Asociación Cultural Ubetense Alfredo Cazabán Laguna, edición electrónica, 2005.
  2. CAMPOS RUIZ, Miguel. Monumentos de Úbeda. Opúsculo editado por la Sociedad Amigos de la Historia y del Arte con motivo de la Semana Pedagógica de Úbeda, 1933.
  3. BIEDMA, José. “Acerca de las murallas”. En Revista Ibiut, Asociación Cultural Ubetense.
  4. Revista Gavellar. 
  5. Revista Vbeda.


Nota metodológica: para los datos concretos de muralla, puertas, torres, postigos, barbacanas, derribos y localizaciones actuales, la fuente base utilizada ha sido Ginés de la Jara Torres Navarrete, Las puertas y murallas de Úbeda. Las demás fuentes se han empleado solo como apoyo contextual.


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