El linaje Vela en Úbeda: de la Torre de Pedro Vela al palacio renacentista

El Palacio Vela de los Cobos es la huella monumental más visible del linaje en Úbeda.

Hay apellidos que sobreviven en los archivos y otros que, además, permanecen a la vista de todos. Vela pertenece en Úbeda a ambas categorías. Aparece en probanzas de hidalguía, testamentos, fundaciones piadosas, libros parroquiales y mayorazgos; pero también en una ventana de Santa María, en la memoria funeraria de la Trinidad y, sobre todo, en la soberbia fachada del Palacio Vela de los Cobos.

Sin embargo, hablar del «linaje Vela» como si se tratara de una sola familia perfectamente continua sería simplificar una documentación mucho más compleja. Las fuentes permiten distinguir, al menos, dos grandes líneas vinculadas a Úbeda: la de los Vela Villalta, después Vela de Almazán, y la de los Vela de los Cobos. Ambas compartieron espacios, alianzas y una antigua memoria familiar asociada a la llamada Torre de Pedro Vela, aunque los enlaces exactos entre todas sus ramas no siempre están demostrados con la misma seguridad documental.

Entre la tradición de la conquista y el primer Vela documentado

La historiografía local más antigua hizo remontar el origen de la familia a un Pedro Vela que habría participado en la conquista cristiana de Úbeda y recibido una torre situada en las proximidades de Rus. Alfredo Cazabán recogió esta tradición a finales del siglo XIX y la relacionó con la posterior denominación de Torre de Pedro Vela. El relato forma parte de la memoria nobiliaria ubetense, pero no debe confundirse con una filiación plenamente probada desde el siglo XIII.

El punto de partida documental más firme para una de las ramas estudiadas lo ofrece Alfonso Vela, vecino de la collación de Santo Tomás. Andrés Nicás Moreno lo identifica entre los hidalgos reconocidos en la Sentencia Arbitraria de Úbeda del 10 de diciembre de 1446, validada por el corregidor Fernando de Acuña y confirmada al año siguiente por el príncipe Enrique. Este documento permite afirmar que, a mediados del siglo XV, los Vela ya formaban parte del grupo hidalgo de la ciudad.

Alfonso Vela casó con Catalina de Biedma. De este matrimonio descendieron Pedro Vela, Miguel Vela Villalta y otros miembros de una línea que enlazaría repetidamente con familias como los Biedma, Villalta, Jurado y Almazán. La parroquia de Santo Tomás, hoy desaparecida, fue uno de sus principales marcos de vecindad, bautismo y memoria.

La Capilla de las Nieves: la memoria de los Vela en Santa María

El paso del apellido desde el documento hasta la piedra puede seguirse en la antigua colegiata de Santa María de los Reales Alcázares. Miguel Vela Villalta, hijo de Pedro Vela y Francisca Ruiz Villalta, otorgó testamento en Úbeda el 9 de mayo de 1502 ante el escribano Cristóbal de Aranda. Mandó ser enterrado en la Capilla de Nuestra Señora de las Nieves, fundada y labrada por su hermano, el tesorero Pedro Vela.

El propio fundador había testado el 5 de noviembre de 1501 ante Juan de Villanueva, dejando como primer patrono de la capellanía a Miguel Vela Villalta y facultándolo para designar sucesor. La fundación no era únicamente un espacio devocional: servía para celebrar misas, conservar el recuerdo de los fundadores y hacer visible la continuidad del linaje dentro de la principal iglesia de la ciudad.

Foto: JUAN GABRIEL BARRANCO DELGADO


La capilla fue conocida popularmente como Capilla de las Bolas, denominación asociada al característico paramento de bolas y almohadillas de una ventana del muro occidental. Un estudio publicado en la revista Vbeda describía esta abertura de comienzos del siglo XVI, con arco de medio punto y escudos en las enjutas, atribuyéndola a Pedro Vela. Aunque algunos detalles de esa identificación requieren prudencia, la fotografía histórica constituye un testimonio de gran valor sobre un elemento que vinculaba arquitectura, devoción y heráldica familiar.

De Vela Villalta a Vela de Almazán

Uno de los descendientes de Miguel Vela Villalta e Isabel de Biedma fue Francisco Vela Villalta. Su matrimonio con Ana de Almazán Jurado, natural de Sabiote, explica el desplazamiento de esta rama hacia la vecina villa y la progresiva adopción del compuesto Vela de Almazán. El cambio no supuso una ruptura con Úbeda: el 2 de marzo de 1556, Francisco pidió ante el alcalde mayor ubetense, el bachiller Hernán Baca, que se confirmara su condición hidalga y la de sus hijos. El escribano de cabildo Juan de Santa Cruz dejó constancia de la probanza favorable.

La familia conservó también el patronato de la Capilla de las Nieves. Fernando Vela de Almazán, hijo de Francisco, dispuso en su testamento de 1571 que sus restos fueran depositados inicialmente en Sabiote y trasladados después a la capilla ubetense que poseía como patrono. El dato demuestra que la capilla seguía funcionando como lugar de identidad familiar incluso para quienes ya residían fuera de la ciudad.

Desde Sabiote, la rama se extendió por Villacarrillo, Quesada, Cazorla, Baeza y Úbeda. Sus miembros litigaron repetidamente para que se reconociese su hidalguía, ocuparon oficios municipales y eclesiásticos y mantuvieron vínculos con la Sacra Capilla del Salvador. Entre ellos figuraron clérigos como Luis Vela de Almazán y Teruel, comisario del Santo Oficio y capellán mayor del Salvador, y Cristóbal Vela de Almazán y Teruel, también capellán de aquella fundación.

El blasón y el lema «Quien bien vela, vela»

La armería catalogada para los Vela de Almazán constituye un auténtico resumen visual de sus dos apellidos. El escudo aparece partido. En el primer cuartel, sobre campo de azur, surge un brazo armado de plata que sostiene una vela del mismo metal con llama de oro; la bordura lleva el lema «QUIEN BIEN VELA, VELA». El segundo cuartel reúne las armas de Almazán: castillos de oro, cruces de Calatrava, una estrella de ocho puntas y una bordura con sotueres.

La vela encendida funciona como arma parlante: representa gráficamente el apellido y, al mismo tiempo, convierte la vigilancia en virtud. El lema juega con el doble significado de velar: permanecer atento y mantener encendida la luz. No se trata, por tanto, de un simple adorno, sino de una declaración de identidad familiar.

Los Vela de los Cobos: una alianza convertida en apellido

La otra gran línea es la de los Vela de los Cobos. La reconstrucción de Ginés de la Jara Torres Navarrete comienza con un Pedro Vela, presentado como cuarto señor de la Torre de Pedro Vela y vecino de la parroquia de Santo Tomás. Le siguieron Fernán Vela, contador de los Reyes Católicos, y Diego Vela de Viedma, contador y secretario real, regidor perpetuo de Úbeda y alcaide del castillo de Valma.

La unión decisiva se produjo cuando Diego Vela contrajo matrimonio con Mayor de los Cobos de la Tovilla, tía carnal del poderoso secretario Francisco de los Cobos. De aquel enlace nacieron Pedro Vela de los Cobos y Jerónimo Vela de los Cobos. El apellido compuesto no fue una simple suma nominal: expresaba la incorporación de la familia Vela a la extensa red política, patrimonial y matrimonial de los Cobos.

Pedro Vela de los Cobos fue comendador de la Orden de Santiago, regidor perpetuo de Úbeda y secretario de Carlos I y Felipe II. En 1537 fundó un mayorazgo con licencia de Carlos I y de la reina Juana. La licencia real, fechada en Valladolid el 21 de septiembre, fue refrendada por otro gran ubetense de la corte, Juan Vázquez de Molina. La operación protegía la integridad del patrimonio y aseguraba su transmisión dentro de la línea principal.

Pedro casó con Catalina Chirino Messía. Entre sus hijos estuvieron Francisco, Diego, Lope, María, Isabel y Mayor Vela de los Cobos. Esta última casó con Francisco de Molina y Valencia, regidor de Úbeda y gobernador del marquesado del Cenete, vinculado a la construcción del palacio que después sería conocido como de los marqueses de la Rambla. Las mujeres del linaje, lejos de ser figuras secundarias, fueron esenciales en la transmisión de bienes, patronatos, apellidos y alianzas.

La Trinidad: panteón familiar y problema historiográfico

Los Vela de los Cobos vincularon su memoria funeraria con el antiguo convento de la Santísima Trinidad. Pedro Vela de los Cobos aparece como patrono de su capilla mayor, que funcionó como enterramiento de la familia. La continuidad de esta memoria se comprueba en el testamento otorgado en 1652 por su nieto Pedro Vela de los Cobos y Mexía, quien ordenó ser enterrado en la capilla mayor de la Trinidad, «entierro mío y de mis padres y abuelos», y afirmó que la había fundado su abuelo, el comendador Pedro Vela de los Cobos.

Ahora bien, la bibliografía local no es unánime sobre la primera fase de la fundación. Algunos estudios atribuyen el inicio de aquella capilla a Juan Porcel Vela y su terminación, en 1516, al comendador Pedro Vela y a Catalina Chirino. La genealogía de Torres Navarrete, en cambio, hace a Pedro hijo de Diego Vela de Viedma y Mayor de los Cobos. La vinculación de la capilla con los Vela está sólidamente asentada; la filiación exacta del patrono anterior exige volver a los protocolos originales y no ocultar la contradicción entre fuentes.


Altar Mayor Iglesia de la Trinidad 1910. Foto tomada de la página de la Cofradía de la Expiración de Úbeda.

También conviene recordar que aquella iglesia renacentista se hundió en 1630. El edificio actual es fruto de una reconstrucción barroca posterior. Por tanto, cuando hablamos del panteón de los Vela nos referimos principalmente a una realidad conocida por los documentos, no a una capilla que haya llegado intacta hasta nuestros días.

Francisco Vela de los Cobos y la construcción de una imagen de poder

El miembro más visible de esta rama fue Francisco Vela de los Cobos y Chirino, hijo del comendador Pedro Vela de los Cobos y de Catalina Chirino Messía. Fue regidor de Úbeda, capitán de caballos, gentilhombre de cámara, alcaide de Solera y caballero de Alcántara. No debe confundirse con Francisco de los Cobos y Molina, el célebre secretario imperial: ambos pertenecieron a la misma amplia red de parentesco, pero fueron personas distintas.

Francisco otorgó testamento en Úbeda el 4 de marzo de 1564 ante Juan de Merlín. En él se declaró cofrade de la Vera Cruz y mandó ser enterrado en la Trinidad junto a sus antepasados. El documento revela también una dimensión menos conocida de su memoria: si su linaje llegaba a extinguirse, quiso que sus casas principales del Real Viejo se destinaran a atender a enfermos pobres, con seis camas, ropa, mesas y una capilla dedicada a Santo Domingo de Guzmán. La condición no llegó a aplicarse porque tuvo sucesión, pero muestra que el mayorazgo, la piedad y la asistencia formaban parte de un mismo proyecto familiar.

Su gran empresa fue el Palacio Vela de los Cobos. Las trazas se atribuyen a Andrés de Vandelvira y la ejecución al cantero Jorge Leal, documentada en torno a 1561 y prolongada durante la segunda mitad del siglo XVI. El edificio introdujo una de las grandes novedades del palacio ubetense: la galería superior abierta, proyectada sobre la fachada, que otorgaba ligereza y prestigio a un volumen de gran sobriedad.

La portada de orden clásico, la ventana en esquina con parteluz de mármol, los balcones, la galería y la concentración de escudos componían una verdadera biografía en piedra. La casa no se limitaba a ofrecer comodidad; proclamaba la posición del propietario, su servicio a la monarquía y la calidad de sus alianzas familiares.


Los escudos del palacio: una genealogía labrada en la fachada

Juan Gabriel Barranco Delgado contabilizó siete escudos en el palacio. Dos flanquean el balcón principal: uno combina las armas de Vela y Cobos; el otro reúne las de Chirino y Messía, correspondientes a los linajes paterno y materno del fundador. Los restantes aparecen en la galería superior y repiten, desdobladas, las armas de Vela, Cobos y Messía.

El propio Barranco señaló una cuestión todavía abierta: los Vela ubetenses emplearon en el palacio unas armas que identifica con las de los Barrionuevo, sin que pudiera explicar el motivo. Este tipo de problemas recuerda que la heráldica histórica no consiste en asignar automáticamente un único escudo a todos los portadores de un apellido. Las armas pertenecen a personas y ramas concretas, pueden modificarse por alianzas o mayorazgos y deben estudiarse siempre en su contexto.

Un linaje hecho de hombres, mujeres, oficios y lugares

La historia de los Vela no puede reducirse a una sucesión de varones ilustres. Catalina de Biedma, Francisca Ruiz Villalta, Ana de Almazán Jurado, Mayor de los Cobos, Catalina Chirino Messía, Catalina Mexía de San Martín y Molina y Mayor Vela de los Cobos fueron decisivas para explicar la transmisión de bienes, la elección de apellidos, la expansión territorial y la incorporación de nuevas redes familiares.

Tampoco se trató de una familia dedicada a una sola actividad. Hubo regidores, contadores, secretarios reales, militares, comendadores, caballeros de órdenes, canónigos, capellanes y patronos de fundaciones religiosas. El poder de los Vela se sostuvo sobre la combinación de servicio a la Corona, gobierno municipal, propiedad vinculada, matrimonios estratégicos y memoria religiosa.

La rama de los Vela de Almazán continuó dejando huellas en Úbeda hasta época contemporánea. José Vela de Almazán Morales, regidor, capitán de Infantería y jefe de las milicias ubetenses en 1837, fue patrono de la ermita del Pilar y vivió en la plazuela de Santa Clara. Falleció en Úbeda el 5 de mayo de 1853 y fue sepultado en aquel santuario. Su figura demuestra que la presencia del apellido no terminó con el esplendor renacentista.

Lo que el apellido Vela dejó en Úbeda

La huella del linaje aparece dispersa por distintos puntos de la ciudad. Está en la memoria perdida de la parroquia de Santo Tomás, en la Capilla de las Nieves de Santa María, en los documentos de la antigua Trinidad, en las casas del Real Viejo, en la plazuela de Santa Clara y en el palacio de la calle Juan Montilla. También se prolonga fuera de Úbeda, por Sabiote, Villacarrillo, Quesada, Cazorla y otros lugares de La Loma y del antiguo Reino de Jaén.

Pero su legado más valioso quizá no sea un edificio concreto, sino la posibilidad de comprender cómo funcionaba una familia de la élite ubetense entre los siglos XV y XIX. Los Vela construyeron su continuidad mediante matrimonios, oficios, patronatos, capillas, mayorazgos y escudos. Su historia explica por qué la arquitectura renacentista de Úbeda no nació solamente del talento de sus artistas: también fue el resultado de unas redes familiares que convirtieron prestigio, servicio político y memoria en piedra.


Aldaba Palacio Vela de los Cobos.


Fuentes y bibliografía consultadas

  1. Nicás Moreno, Andrés: Heráldica y genealogía en el Reino de Jaén. Diputación Provincial de Jaén, Instituto de Estudios Giennenses, 1997, especialmente pp. 290-302.
  2. Torres Navarrete, Ginés de la Jara: Historia de Úbeda en sus documentos. Tomo II: Linajes y hombres ilustres. Asociación Cultural Ubetense «Alfredo Cazabán Laguna», especialmente el estudio de los Vela de Almazán y Vela de los Cobos.
  3. Cazabán Laguna, Alfredo: Apuntes para la historia de Úbeda. Recopilación de datos, voz «Vela», p. 189.
  4. Barranco Delgado, Juan Gabriel: Escudos heráldicos de Úbeda, pp. 108-111.
  5. Molina Hipólito, José: «Santa María de los Reales Alcázares. Aportaciones al estudio de dicha iglesia», Vbeda, recopilación del proyecto, pp. 379-380.
  6. Cruz Torralbo, María Cruz: «El Real Monasterio de la Santísima Trinidad de Úbeda y su patrimonio en los siglos XVI y XVII», Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, n.º 155, 1995.
  7. Antigüedad del Castillo-Olivares, María Dolores: «Úbeda: la consolidación de la imagen renacentista», Espacio, Tiempo y Forma, Serie VII, Historia del Arte, t. 17, 2004.
  8. Moreno Mendoza, Arsenio: estudios sobre el palacio ubetense del siglo XVI y la arquitectura de Andrés de Vandelvira.
  9. Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía y materiales patrimoniales de la Diputación Provincial de Jaén relativos al Palacio Vela de los Cobos.

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