Análisis heráldico de la fachada de la Casa de las Torres de Úbeda



La Casa de las Torres de Úbeda constituye uno de los mejores ejemplos de cómo la nobleza del Renacimiento utilizó la arquitectura como un auténtico lenguaje de poder. Su fachada no fue concebida únicamente para embellecer una residencia señorial, sino para proclamar públicamente el prestigio de un linaje, sus alianzas familiares, sus armas y su memoria.

Cada uno de sus elementos responde a una intención precisa. Escudos heráldicos, veneras, yelmos, figuras humanas, salvajes, criaturas fantásticas y gárgolas forman un conjunto cuidadosamente organizado que convierte la piedra en un verdadero discurso visual. La portada no solo se contempla: se lee.

Tradicionalmente, este programa iconográfico se ha interpretado desde la heráldica, entendiendo la fachada como una manifestación del poder y de la identidad de la familia Dávalos. Sin embargo, esta lectura puede enriquecerse desde otra perspectiva complementaria.

Agustín Palacios ha propuesto que la Casa de las Torres no debe entenderse únicamente como una acumulación de símbolos nobiliarios, sino como un auténtico «libro de caballerías» tallado en piedra. Según esta interpretación, la portada desarrolla un lenguaje simbólico donde conviven la heráldica, la tradición caballeresca y un conjunto de figuras que remiten al universo medieval de las pruebas, el honor, la aventura y la superación.

Desde esta perspectiva, la fachada deja de ser únicamente una declaración de linaje para convertirse en una auténtica narración visual. Cada escudo, cada venera, cada salvaje y cada criatura fantástica forman parte de un discurso destinado a proyectar una imagen ideal del noble renacentista: heredero de un linaje ilustre, pero también identificado con los valores de la caballería.

En los siguientes párrafos analizaremos cada uno de estos elementos para comprender cómo la piedra se convirtió en uno de los mensajes más elaborados y sofisticados que la nobleza ubetense legó a la ciudad.

Una fachada concebida como declaración de linaje

La fachada de la Casa de las Torres presenta un lenguaje plenamente nobiliario. El protagonismo recae sobre la heráldica, es decir, sobre los escudos que identifican a los linajes vinculados al edificio. Estos escudos no aparecen aislados, sino repetidos y acompañados de elementos simbólicos que refuerzan su mensaje.

El conjunto puede entenderse como una afirmación visual de los Dávalos y de su alianza con el linaje de los Orozco/Orozbetelu. La portada utiliza los recursos propios del Renacimiento y del plateresco: decoración vegetal, grutescos, veneras, yelmos, frontones y figuras alegóricas.

No estamos ante una fachada meramente ornamental. Estamos ante una fachada que proclama origen, poder, prestigio y memoria familiar.

El gran escudo central: el corazón heráldico de la portada

El gran escudo central de la Casa de las Torres no debe leerse como un simple escudo de los Dávalos, sino como un escudo de alianza familiar. En la fachada existen varios escudos cuartelados con las armas de Dávalos y Orozbetelu, y este escudo central pertenece precisamente a ese programa de unión entre linajes. No representa solo a una persona concreta, sino la unión nobiliaria entre don Andrés Dávalos y de la Cueva y la rama Orozco vinculada a las armas de Orozbetelu.

La clave está en entender por qué aparece Orozbetelu y no simplemente Orozco. Los Orozco afincados en Úbeda usaban las armas de Orozbetelu. En la probanza citada por Revista Ibiut se describen esas armas como: campo de oro, palo de azur y bordura de gules con ocho aspas de oro. Es decir, el elemento principal de Orozbetelu sería ese palo vertical, acompañado por una bordura con aspas de San Andrés. Por eso, en el escudo central, las divisiones verticales no son un detalle ornamental: remiten a la presencia del linaje Orozco-Orozbetelu dentro del blasón.

Frente a esas armas de Orozbetelu aparecen las de Dávalos, identificadas en el conjunto documental como el linaje dominante de la Casa de las Torres. La propia distribución heráldica del edificio confirma la importancia de este apellido: de los cincuenta y tres escudos conservados en la casa, muchos corresponden solo a Dávalos, mientras que los de la fachada principal combinan Dávalos y Orozbetelu. Esto significa que el gran escudo central funciona como una síntesis: Dávalos aporta la línea principal de la casa; Orozbetelu aporta la alianza matrimonial y genealógica que engrandece el linaje.

La composición del escudo es, por tanto, cuartelada, es decir, dividida en campos donde se reparten las armas familiares. Aunque la erosión de la piedra dificulta una lectura completa, todavía se distinguen elementos arquitectónicos, especialmente los castillos, propios del lenguaje heráldico de los Dávalos, junto a las divisiones verticales que remiten al blasón de Orozbetelu. El desgaste no impide comprender el mensaje: el escudo está construido para mostrar una unión de sangre, prestigio y poder.

Sobre el blasón aparece un yelmo, y este detalle también forma parte del análisis heráldico. El yelmo no es decoración gratuita: actúa como timbre nobiliario y refuerza la condición caballeresca del propietario. En este caso tiene especial sentido, porque los documentos identifican a don Andrés Dávalos y de la Cueva como caballero de Santiago, regidor de Úbeda y corregidor de Murcia y Guadix. Por tanto, el escudo no solo habla de apellidos; habla también de rango, servicio militar, nobleza urbana y pertenencia al mundo de las órdenes militares.





Los salvajes encadenados: fuerza dominada al servicio del linaje

Los salvajes encadenados de la Casa de las Torres ocupan un lugar clave en la lectura de la fachada: aparecen en el segundo cuerpo, flanqueando y sosteniendo el escudo de los Dávalos y Orozco/Orozbetelu. No son figuras decorativas colocadas al azar, sino tenantes heráldicos, es decir, personajes que presentan, custodian y engrandecen el blasón familiar. La Universidad de Almería describe precisamente este punto de la portada: bajo celada y cimera aparecen las armas familiares sostenidas por dos salvajes encadenados, un motivo frecuente en la arquitectura civil ubetense de comienzos del siglo XVI.

La figura del salvaje procede de una larga tradición medieval. El estudio de José Miguel Gámez Salas lo define como un ser imaginario, de apariencia híbrida, cubierto de vello y asociado al bosque; además, señala que su mayor desarrollo iconográfico se produjo desde el siglo XV, especialmente en portadas de edificios civiles de nobles y caballeros. En la Casa de las Torres, por tanto, no estamos ante simples “monstruos”, sino ante una imagen cultural muy reconocible para la mentalidad de la época: el hombre no civilizado, lo instintivo, lo exterior al orden social.

La clave está en las cadenas. El salvaje no aparece libre, sino sometido al escudo. Según el análisis iconográfico conservado en tus documentos, en la Casa de las Torres los salvajes se encuentran encadenados al escudo heráldico de los Dávalos y los Orozco, rodeados de laureas, veneras, yelmos y cornucopias. Esa disposición permite leer la escena como una oposición entre dos mundos: por un lado, el linaje noble, representado por el escudo; por otro, la fuerza bruta o viciosa, representada por los salvajes encadenados.

Gámez Salas nos ofrece esta interpretación:  estos salvajes expresan el vicio sometido por la virtud. En otros ejemplos ubetenses, como la Casa de los Salvajes, los salvajes encadenados simbolizan la opresión del vicio ante la virtud representada por la heráldica. El mismo estudio afirma que en la Casa de las Torres esa relación entre heráldica familiar-virtud y salvaje-vicio se muestra incluso de forma más clara, reforzada por atributos como el laurel, símbolo de virtud y triunfo, y la cornucopia, vinculada a la Fortuna y la abundancia.

Ahora bien, el salvaje también tiene una segunda lectura: como tenante, su fuerza se vuelve útil. A finales del siglo XV, explica Gámez Salas, la imagen del salvaje experimenta una conversión positiva al convertirse en soporte de escudos, porque su fortaleza lo hacía idóneo para proteger la heráldica familiar. En la Casa de las Torres, esa ambivalencia es fundamental: los salvajes son seres inferiores y encadenados, pero al mismo tiempo son lo bastante poderosos como para sostener el blasón. La familia domina esa fuerza y la pone a su servicio.

Por eso, los salvajes encadenados deben entenderse como una de las imágenes más potentes de toda la portada. No solo custodian el escudo: explican visualmente la autoridad del linaje. La fachada dice que la casa de los Dávalos y Orozco no se limita a poseer nobleza, sino que se presenta como una fuerza capaz de imponer orden, virtud y dominio sobre lo salvaje. En ese sentido, el escudo no queda simplemente acompañado por dos figuras fantásticas: queda elevado por una escena moral donde la nobleza vence al desorden y convierte la piedra en propaganda familiar.

Por otra parte,  Agustín Palacios ha propuesto una lectura complementaria especialmente sugerente: estos salvajes no serían simples representaciones del vicio dominado, sino figuras vinculadas al universo del caballero del bosque y al imaginario de la caballería medieval. Desde esta perspectiva, los llamados “salvajes” formarían parte de un lenguaje caballeresco más amplio, relacionado con la fuerza, la prueba, el combate, la defensa del honor y la protección del linaje.

La fachada, por tanto, no debe entenderse solo como una escena moral donde la nobleza somete lo salvaje, sino también como una composición heredera del mundo de los libros de caballerías. Los salvajes, al sostener el escudo, no solo quedan subordinados a la heráldica familiar: también introducen en la portada una atmósfera de bosque, aventura, prueba y nobleza caballeresca.



El conjunto se completa con una arquivolta poblada de figuras humanas y motivos fantásticos, entre los que se han identificado ángeles tocando las trompetas de la fama. Este detalle refuerza el sentido propagandístico del escudo: la heráldica familiar no solo se muestra, sino que se proclama. Los salvajes sostienen el blasón desde abajo, mientras la fama lo anuncia desde el arco superior.

Las veneras: símbolo santiaguista y signo de prestigio

Las veneras de la fachada de la Casa de las Torres de Úbeda no son un simple motivo decorativo repetido para llenar el muro. Su presencia debe leerse dentro del programa heráldico y simbólico de la portada. Las fuentes consultadas coinciden en que esa abundancia de conchas o veneras santiaguistas alude directamente a la condición de don Andrés Dávalos de la Cueva como miembro de la Orden de Santiago.

Este dato es importante porque en la Casa de las Torres la venera no funciona solo como símbolo de peregrinación jacobea, sino como emblema de dignidad caballeresca. Los documentos históricos consultados identifican a don Andrés Dávalos como Comendador de la Orden de Santiago, capitán, regidor de Úbeda y corregidor de Murcia y Guadix. Por tanto, las veneras refuerzan visualmente una idea muy concreta: la familia no solo exhibe linaje mediante los escudos, sino también prestigio militar, religioso y social mediante los símbolos santiaguistas.

La colocación de estas veneras alrededor de los elementos principales de la fachada es significativa. En el segundo cuerpo, los documentos señalan que el escudo de los Dávalos y Orozco aparece rodeado de laureas, veneras, yelmos y cornucopias, es decir, de un conjunto de signos que no son neutros: la laurea habla de virtud y triunfo, el yelmo de caballería, la cornucopia de abundancia y la venera de pertenencia santiaguista. La concha, por tanto, forma parte de una red de símbolos que eleva el escudo familiar y lo sitúa dentro de un horizonte de honor, fe y nobleza.

La fuerza de las veneras está precisamente en su repetición. Igual que los escudos insisten en la memoria del linaje, las conchas insisten en la condición santiaguista del fundador. La fachada queda así cubierta por un doble lenguaje: el de la sangre nobiliaria, expresado por los blasones de Dávalos y Orozco/Orozbetelu, y el del honor caballeresco, expresado por las veneras. Incluso una fuente literaria de los documentos resume la riqueza de la Casa de las Torres enumerando “gárgolas, conchas, veneras, sirenas, flameros, dovelas, enjutas, columnas abalaustradas, friso, mascarones y ventanas ajimezadas”, describiéndola como una verdadera “filigrana de plateros”.




Las veneras no aparecen de forma aislada, sino distribuidas rítmicamente por el paramento, con la charnela orientada hacia arriba. Esta repetición convierte la concha en un motivo casi tapizante, capaz de dinamizar el muro liso y de reforzar visualmente la condición santiaguista del fundador. No son simples adornos: funcionan como una marca de honor caballeresco repetida sobre la piel de la fachada.

El busto del peregrino: una figura bajo la gran concha

El busto del peregrino situado bajo la gran venera es uno de los detalles más significativos de la fachada de la Casa de las Torres de Úbeda. Las fuentes actuales lo identifican como la efigie de Santiago Peregrino, colocada sobre una de las ventanas laterales del cuerpo superior de la portada. 

Este detalle no debe leerse de forma aislada. La figura aparece dentro de una venera, símbolo vinculado al mundo jacobeo y a la Orden de Santiago. Esto encaja con los documentos históricos que identifican a don Andrés Dávalos de la Cueva como caballero de Santiago, regidor de Úbeda y corregidor de Murcia y Guadix. Por tanto, el busto no es solo una imagen religiosa: refuerza la identidad caballeresca del fundador y conecta la fachada con el prestigio santiaguista de la familia.

La colocación del busto bajo la concha también es importante desde el punto de vista compositivo. La venera actúa como nicho, casi como si fuera una hornacina simbólica. El rostro del peregrino queda cobijado por la concha, de manera que la arquitectura convierte el símbolo jacobeo en marco de la figura. Esto intensifica la lectura religiosa y honorífica del conjunto: no estamos ante una simple decoración plateresca, sino ante una imagen pensada para dialogar con los escudos, los yelmos, las veneras y el resto del programa nobiliario.

Hay que ser prudentes, eso sí: los documentos consultados hablan con claridad de las veneras, de los yelmos, de los salvajes y de la condición santiaguista de Andrés Dávalos, pero la identificación concreta del busto como Santiago Peregrino aparece sobre todo en fuentes descriptivas actuales. Por eso, en el artículo conviene formularlo así: “figura identificada habitualmente como Santiago Peregrino”. Es más riguroso que afirmarlo sin matices.

En conjunto, el busto del peregrino cumple una función muy clara dentro de la fachada: convierte la pertenencia santiaguista en imagen visible. Si los escudos proclaman el linaje familiar, esta figura proclama el honor religioso y caballeresco. La Casa de las Torres no solo dice en piedra quiénes fueron los Dávalos y los Orozco/Orozbetelu; también muestra bajo la gran concha el universo espiritual y militar al que querían quedar asociados.



La fuerza de esta figura no reside solo en su identificación jacobea, sino también en su expresividad. El rostro barbado, el sombrero de peregrino y la gran concha que lo cobija crean una imagen de fuerte intensidad escultórica. La venera deja de ser aquí un motivo repetido en el muro y se transforma en auténtica hornacina simbólica.

Los escudos de la parte alta: repetición y memoria familiar

Los escudos desgastados de la parte alta de la Casa de las Torres son una de las zonas más interesantes de la fachada, precisamente porque el deterioro no les quita valor, sino que aumenta su fuerza histórica. Aunque muchos detalles se han perdido por la erosión, todavía se percibe claramente su función: repetir y elevar la memoria heráldica del linaje. No están colocados de forma casual, sino en una zona visible y dominante, como si la fachada quisiera recordar desde lo alto la identidad familiar de la casa.

Estos escudos aparecen sostenidos por figuras tenantes, personajes que sujetan el blasón y lo presentan al exterior. Aunque la piedra está muy castigada, se conserva la idea esencial: el escudo no está solo, sino acompañado y custodiado. Esto refuerza el carácter solemne de la heráldica. El blasón se convierte en una especie de emblema público, mostrado ante la ciudad como señal de nobleza, poder y permanencia.

El desgaste de estos escudos también tiene un valor simbólico. La pérdida de nitidez impide leer con precisión todos los cuarteles, pero no borra el mensaje principal. La fachada sigue diciendo que la casa pertenece a un linaje importante. En este sentido, los escudos altos funcionan como una memoria erosionada pero resistente: el tiempo ha borrado parte de la forma, pero no ha conseguido eliminar la intención de prestigio con la que fueron tallados.

Dentro del conjunto de la fachada, estos escudos superiores completan el discurso iniciado por el gran escudo central. Abajo, el blasón principal aparece con más fuerza y teatralidad, sostenido por los salvajes encadenados; arriba, los escudos desgastados actúan como eco heráldico, repitiendo la presencia familiar en la crestería. Son, por tanto, una afirmación de linaje elevado a la piedra, una heráldica que ya no se lee del todo, pero que todavía impone respeto.







Las gárgolas: vigilancia, protección y fantasía monstruosa

Las gárgolas de la Casa de las Torres de Úbeda forman parte del remate superior de la fachada y no deben entenderse como un simple adorno. Aunque cumplen una función práctica, evacuar el agua de lluvia lejos del muro, su forma monstruosa las convierte también en elementos de gran carga simbólica. Desde la altura, parecen vigilar la portada y cerrar visualmente el programa decorativo del edificio.

Estas figuras pertenecen al mundo de lo fantástico, grotesco y protector. Sus bocas abiertas, cuerpos híbridos y rostros deformados enlazan con la tradición medieval y tardogótica, todavía presente en una fachada de lenguaje plateresco. Mientras los escudos proclaman el linaje de los propietarios, las gárgolas introducen una imagen más inquietante: la de criaturas situadas en el límite entre lo humano, lo animal y lo monstruoso.

Su significado puede relacionarse con otros elementos de la fachada, como los salvajes encadenados que sostienen el escudo principal. En ambos casos aparece una misma idea: lo indómito, lo salvaje o lo amenazante queda sometido al orden de la arquitectura nobiliaria. Las gárgolas, aunque parecen criaturas libres y amenazantes, están integradas en la piedra y al servicio del palacio.

Por tanto, las gárgolas de la Casa de las Torres completan el mensaje simbólico de la fachada. Abajo, los escudos hablan de linaje y poder; en el centro, los salvajes sostienen la memoria familiar; en los muros, las veneras recuerdan el prestigio santiaguista; y arriba, las gárgolas vigilan, protegen y expulsan el agua. Son, en definitiva, el rostro fantástico de una fachada concebida para impresionar y para ser leída como una declaración de nobleza.





Estos seres, de bocas abiertas y cuerpos fantásticos, ocupan el grueso de la cornisa y actúan como criaturas liminares: evacuan el agua, pero también vigilan y dramatizan la parte alta del edificio. Frente al orden del escudo, las gárgolas representan el mundo de lo grotesco y lo amenazante, domesticado por la arquitectura.

Conclusión

La Casa de las Torres de Úbeda es una de las fachadas nobiliarias más sugerentes del Renacimiento ubetense. Su valor no reside únicamente en su belleza arquitectónica, sino en la riqueza simbólica de sus elementos.

Los escudos heráldicos son el centro del discurso. Alrededor de ellos se organiza todo lo demás: veneras, yelmos, salvajes, gárgolas y decoración plateresca. Cada componente ayuda a construir una imagen de poder, nobleza y permanencia.

Mirar esta fachada es contemplar cómo una familia convirtió la piedra en memoria. Y leer sus escudos es acercarse al modo en que la nobleza de Úbeda quiso presentarse ante la ciudad y ante el tiempo.


Bibliografía y fuentes consultadas

  1. Barranco Delgado, Juan Gabriel. Escudos heráldicos de Úbeda.
  2. Montes Bardo, Joaquín. “Alegoría y mitología en Úbeda y Baeza durante el Renacimiento”. Laboratorio de Arte, n.º 10, 1997.
  3. Gámez Salas, José Miguel. “La figuración del salvaje en la arquitectura del siglo XVI en Úbeda”.
  4. Universidad de Almería, IDEIMAND. “Casa de las Torres, Úbeda, Jaén”.
  5. Vandelvira Turismo. “Casa de las Torres, Úbeda, siglo XVI”.
  6. Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz / Ayuntamiento de Úbeda. “Catálogo de bienes protegidos de Úbeda”.
  7. Agustín Palacios. Caballero 24. 


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